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Abstract
The following paper is a review of the famous polémica del meridiano, in order to delve into the immediate strategies used by Guillermo de Torre to correct the misunderstanding with the Latin American writers who reacted negatively to the anonymous note in La Gaceta Literaria (15/04/1927). In other words, an attempt has been made to elucidate Torre’s attempt to become a “transnational intermediary” (Casanova in Anagrama, 1999) that configures what we call here the “editorial vertex of Latin America”. This expression is deduced, as will be seen, both from his responses to Latin American writers in the context of the controversy, and from previous debates, in relation to the publishing world, unleashed in Madrid in 1923.
Resumen
El estudio que sigue es una revisión de la famosa polémica del meridiano, con el fin de profundizar en las estrategias inmediatas empleadas por Guillermo de Torre para enmendar su malentendido con los escritores hispanoamericanos que reaccionaron negativamente a la nota anónima de La Gaceta Literaria (15/04/1927). En otras palabras, se ha intentado elucidar el intento de Torre por convertirse en un “intermediario trasnacional” (Casanova, 1999) que configure lo que aquí denominamos el “vértice editorial de Hispanoamérica”; dicha expresión se deduce, como se verá, tanto de sus respuestas a los hispanoamericanos en el contexto de la polémica, como de debates previos, en relación con el mundo editorial, desatados en Madrid en 1923.
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Introducción
El 1 de septiembre de 1927, Guillermo de Torre interviene en la famosa polémica del meridiano, desatada en abril del mismo año, para aclarar un problema terminológico: según él, el empleo de “meridiano” fue una elección desafortunada que habría originado los malentendidos entre La Gaceta Literaria y los hispanoamericanos, sobre todo los martinfierristas, de ahí su sugerencia, aparentemente conciliadora: “Donde ponía «meridiano», pongamos otro término más preciso (…). Ya que aquella palabra se empleaba como sinónimo de «vértice» o «punto de confluencia» de la literatura en lengua española, atribuyendo a Madrid esa situación crucial” (1927: 3). “Aquella palabra” se empleaba, sigue de Torre, atribuyendo la responsabilidad autoral al colectivo de La Gaceta Literaria, puesto que, como es sabido, no es hasta 1968 que él reconoce su autoría individual. De ahí que todas sus aportaciones que siguieron a la nota inicial e intervinieron en la polémica -en las cuales sí firmaba con su nombre- fueron numerosos intentos (fallidos) por resolver los malos entendidos suscitados por la misiva original, siempre desde un lugar de enunciación que se identificaba con La Gaceta Literaria pero sin asumir su total responsabilidad. Porque a de Torre realmente le sorprenden y pesan las reacciones negativas por parte de los hispanoamericanos, pues no estaba en su intención rivalizar con el Nuevo Continente, donde él mismo residirá meses después de la polémica. Al intentar explicar el equívoco y desplazar el término “meridiano” por “vértice”, sin reconocer su autoría, de Torre deja claro que quería enmendar un error que él mismo no esperaba; pero sus respuestas también vislumbraban un desconocimiento del funcionamiento del sistema literario y los subsistemas nacionales, y/o de la descompensación entre el centro y la periferia, y más aún, de las asimetrías entre los propios hispanoamericanos -aunque de esto último tampoco se percatan los protagonistas del otro lado del Atlántico-. En las páginas que siguen quisiéramos profundizar en las particularidades de ese intento de Torre por enmendar su error, teniendo en cuenta tanto los textos de La Gaceta Literaria posteriores a la polémica -firmadas por él-, así como los acontecimientos que la preceden: la tentativa, también frustrada, por crear una vanguardia internacional, así como la publicación de Literaturas de vanguardias europeas en 1925. En este sentido, tomamos el sintagma “vértice editorial” por la elección de Torre del primer término, pero con el calificativo de “editorial” como centro de nuestra hipótesis, para repensar la polémica bajo el paraguas de este mercado, a raíz de un texto de la autoría de Miguel Unamuno, como veremos.
Basándonos en la bibliografía precedente sobre la polémica (Alemany Bay, 1998; Delgado, 2018; Fléming Figueroa, 1987; García, 2023; González Boixo, 1988; Londero, 1989; Manzoni, 2014; Martí Monterde, 2024; Mechthild, 2014; Prieto, 1988; Ródenas de Moya, 2023; Rojas, 2019), así como de la bibliografía que la vincula a cuestiones específicamente editoriales (Bosoer, 2008; Espósito, 2010; Falcón, 2010; Larraz Elorriaga, 2007) nuestra propuesta busca profundizar en la voluntad de Torre de configurarse como un “intermediario trasnacional”, siguiendo la terminología de Pascale Casanova (1999): “agente de cambio” que traslada “de un espacio a otros textos de cuyo valor literario por fin fijan” (1999: 37).Footnote1 Si tenemos en cuenta que de Torre se asienta en Buenos Aires meses después de publicar la nota anónima, no sería arriesgado aventurar que estaría en sus planes adquirir ese papel de puente trasnacional de Hispanoamérica, continente en que había intentado infundir un sentimiento de unión hacia España. Pero, como explica Casanova, todo intermediario trasnacional cae en las trampas del propio sistema literario al consagrarse en su espacio nacional desde una aparente autonomía literaria. En otras palabras, se siente partícipe de una sociedad inexistente donde la ley de autonomía literaria, como su nombre indica, se halla al margen de las divisiones políticas, lingüísticas y nacionales, de ahí que consagren los textos según un principio inexistente de la “indivisible unidad de la literatura”, al imponer una “definición autónoma (es decir, no nacional, internacional) de los criterios de legitimidad literaria” (1999: 38). Su engaño sería caer en la ingenuidad de que existe una “representación más pura, (…) «desnacionalizad»”, despolitizada de la literatura”, de ahí su convencimiento de “la universalidad de las categorías estéticas a través de las cuales evalúan las obras” (1999: 39). La inocente, aunque desafortunada propuesta de Torre, no era, como él mismo intentó asegurar en varias ocasiones, demostrar la soberanía de la Madre Patria sobre los países hispanoamericano, pero era irremediable que el mensaje de La Gaceta Literaria fuera rechazado: porque la fraternidad hispánica que la nota proponía era un idealismo ingenuo en que la ley autónoma de la literatura en español se liberaba de las “turbias maniobras anexionistas” de Francia e Italia (Anónimo, 1927a: 1). En síntesis, se sugería que tal emancipación daría como resultado un mundo autónomo hispánico sin barreras nacionales y, sin embargo, la nota de La Gaceta produjo lo contrario: poner al descubierto los centros y las periferias del subsistema hispánico, descubrimiento lejano a sus intereses originales.
La paternidad de la vanguardia
En su ya clásico estudio sobre la polémica, Carmen Alemany Bay indica que, tras el debate, en realidad “estaba en juego la paternidad de la vanguardia” (1988: 27). Su hipótesis es acertada y explica, por ejemplo, que el grupo mexicano de los Contemporáneos defendiera a España, puesto que no estaba en su programa abanderar la vanguardia de su país.Footnote2 No obstante, cabe matizar que esa paternidad es un problema que surge únicamente en la reacción de los hispanoamericanos, pero no parece que estuviera en los planes originales de La Gaceta Literaria el desatar un debate sobre vanguardia. O, más bien, sus flechazos no se dirigían de manera directa a competir con Hispanoamérica sino, como ya señaló Carlos García, estaban encaminados contra la centralidad de Francia y la generación española anterior:
Torre participa en España en dos combates a la vez, comenzados ya antes de que apareciera su artículo: por un lado, contra el Hispanismo de la generación española anterior (…), así como contra la influencia francesa en América, sobre todo en Argentina (…). Lo que en Argentina se vive como un intento colonizador es entendido por Torre desde muy otra óptica. (…) desde la de quien cree reemplazar un hispanoamericanismo altanero y condescendiente por uno vis à vis, que respete las peculiaridades de las respectivas regiones americanas sin favorecer la desintegración (2023a: 113-114).
En efecto, la paternidad de la vanguardia la ponen en juego las reacciones (inesperadas para de Torre) de los hispanoamericanos que sienten atacada su autonomía, pero en la España de 1927, ya olvidado el ultraísmo, no parece que la vanguardia fuera lo central del proyecto de La Gaceta Literaria. Prueba de ello es, por ejemplo, una encuesta lanzada en junio (IV/83, 1927) donde se interrogaba por la definición de la vanguardia. La pregunta parece entrever que el fenómeno es ya algo institucionalizado que se puede definir—y que es necesario hacerlo—pero también que el ultraísmo está totalmente sepultado, pues los entrevistados no son expoetas del Ultra, sino figuras que renegaron del movimiento: José Bergamín; Giménez Caballero, director de la revista; y los poetas Rosa Chacel y Moreno Villa. Sí había, claro está, una preocupación por la vanguardia, como recuerda de Torre en 1968 al señalar que la fuente del proyecto de La Gaceta Literaria había sido su libro Literaturas europeas de vanguardia (1925): “De ahí deriva toda la osatura [sic] vanguardista de La Gaceta Literaria; quiero decir, aquello que le dio un perfil más singular, no el único, desde luego, aunque también, por otra parte, fuera el más combatido” (1968: 1). En la nota anónima de 1927, si bien no se alude a la vanguardia en particular, su ataque a la dominación de París como capital de las vanguardias deja traslucir esta cuestión. Por tanto, se sugiere eliminar el término “latinoamericanismo”, porque margina a España, y desplazar “América Latina” por “Hispanoamérica”:
Estaríamos, en último caso, conformes con este latinismo (…) si este aparente lazo étnico abarcase también como es debido a España. (…) frente a la imantación desviada de París, señalemos en nuestra geografía espiritual a Madrid como el más certero punto meridiano, como la más auténtica línea de intersección entre América y España. (…) [“hispanoamericanismo”] no representa la hegemonía de ningún pueblo de habla española sino la igual de todos. (…) ha llegado el momento de manifestar netamente nuestro criterio. (…) Y esto, no por un propósito anexionista reprobable sino por el deseo de borrar fronteras (1927: 1) (cursiva nuestra).
Primer error retórico de la nota: el empleo de la primera persona del plural que, en principio, apelaba al apoyo de los hispanoamericanos, en un intento por imitar al manifiesto de vanguardia. En consonancia con ello, el ataque a París, a favor de Madrid, se basaba en su hegemonía editorial y dominación idiomática. Por ello, en relación con la vanguardia, habría que pensar la nota de La Gaceta Literaria como un combate directo a la figura de Vicente Huidobro, poeta perfectamente adaptado al sistema de la capital de la República de las Letras, y con quien los ultraístas ya habían polemizado años antes.Footnote3 Porque el chileno no solamente publicaba en francés además de castellano, sino que intervenía en los debates acerca de la literatura española, también en francés, entre las páginas de L’esprit nouveau (1920) -por ejemplo, en su primer número, en “La littérature espagnole”-. En términos de Casanova, la doble participación de Huidobro en dos subsistemas literarios distintos, uno central y otro periférico, consistió en una operación de control de las transformaciones de sus textos así como en el intento por aparentar una autonomía literaria respecto de los límites nacionales y del subsistema hispánico.
La conocida antipatía generalizada hacia Huidobro por parte de los españoles constituyó, mucho antes de la polémica del meridiano, la primera discusión por la paternidad de la vanguardia en el sistema hispánico. El propio Jorge Luis Borges se burla de la supuesta pretensión del poeta de ubicar el nacimiento del creacionismo en la Buenos Aires de 1916, por la publicación de Espejo de agua; así lo expresa en una carta a Maurice Abramowick (01/11/1920):
¿Qué escuela creacionista de Buenos Aires es esta de la que nadie ha oído hablar?… Todos los poetas argentinos actuales (Lugones, Arrieta, Capdevila, Banchs…) son románticos o parnasianos. Además, esa manía que América no copie nada de Europa (1999: 123) (cursiva nuestra).
El final de la cita dista significativamente de la respuesta que los martinfierristas, incluido Borges, darán a La Gaceta Literaria. Porque Borges, en 1920, se halla más cerca del subsistema español peninsular por haber vivido en persona la experiencia ultraísta que planeó importar a Argentina, país donde, al llegar, no se sentía cómodo por la atmósfera inmovilista que encontró allí, en claro contraste con el ambiente de las vanguardias europeas. No obstante, Borges no tardó en borrar ese legado español para reivindicar un Ultra criollo,Footnote4 una impronta que de Torre recordará en 1964 en “Para la prehistoria ultraísta de Borges” (Hispania, 47).
En resumidas cuentas: en su carta, el joven Borges defiende el ultraísmo español frente a las declaraciones de Huidobro y pone de manifiesto la inevitable vinculación entre Europa y América. Pero su postura no es la única distinta a la posterior polémica porque de Torre, a principios de la década del veinte, tampoco estaba aún por la labor de organizar ningún universo hispánico ni mucho menos atacar a Francia. El inicio de Literaturas europeas de vanguardia, donde nos detendremos luego, es una prueba evidente de que su proyecto era “europeizante”. Pero más revelador es, como demuestra Domingo Ródenas de Moya, su interés por participar en el “Congres international pour la determination des directives et la defense de l’Esprit Moderne” (2023: 60), evento que finalmente no tuvo lugar,Footnote5 pero que estaba programado para enero de 1922 en París. En una carta en francés a Robert Delaunay, de Torre muestra un vivo afán de participar en el mismo, y sus palabras traslucen una noción de vanguardia como “fenómeno transnacional de carácter estético y moral del que el ultraísmo, como manifestación en español de ese fenómeno espiritual, formaba parte indisociable” (Ródenas de Moya, 2023: 61). Síntoma de ello es su propuesta de crear un Comité Mundial de la Juventud Vanguardista, sede en París, pero con instituciones en distintas ciudades europeas y americanas, y cuyo fin fuera:
…fijar la determinación de un mínimo de puntos teóricos comunes a las diversas escuelas y movimientos de vanguardia que significan hoy algo: cubismo, purismo, simultaneísmo, futurismo, ultraísmo, expresionismo, etc., tanto en el terreno literario como en el pictórico. Así podríamos, de una ojeada, en un momento dado, ver el conjunto de las tendencias y características más representativas de nuestra época y fijar sus líneas directrices (de Torre, apud. Ródenas de Moya, 2023: 62).
En otras palabras, consiste en el mismo propósito que de Torre perseguía en su ya iniciado libro sobre vanguardias europeas, cuyo frontispicio se publica en 1923. Más importante resulta la sugerencia de que dicho Comité contara con una revista de vanguardia internacional, multilingüe, pero “con lo esencial de su texto redactado en francés” (Ibid.). La cursiva es nuestra porque la constitución de este comité es el primer signo de su perfilación (fallida) como intermediario trasnacional, porque de Torre concibe la vanguardia como un fenómeno verdaderamente cosmopolita y quiere centrarse en los vasos comunicantes que unen a todos los ismos. Al proponer París y el idioma francés, cae en la trampa de la capital de la República de las Letras, pues, como explica Casanova, París se percibe como sinónimo de “internacionalismo artístico”, “lo universal proclamado sin cesar” (1999: 48). Decir “París” no es decir “Francia”, ni hablar francés significa soberanía sobre otras lenguas. En otras palabras, en su carta a Delauney, de Torre incurre en la misma confusión que durante la polémica: no captar el poder simbólico, económico, material y editorial de una lengua sobre otras. O, más bien, en 1927 sí lo empieza a intuir al proponer una unión entre hispano-hablantes, pero no lo resuelve porque ignora las diferencias específicas de la lengua en cada país hispanoamericano. En consecuencia, no entiende el desequilibrio entre España e Hispanoamérica en términos de centro/periferia de un subsistema literario sobre otro en lengua española, de ahí su sorpresa en el rechazo de los hispanoamericanos. Desde 1922 a 1927, de Torre posee una noción ingenua del proceso de internacionalización porque, en términos de Casanova, le otorga un matiz de neutralización y despolitización, al restarle importancia al juego desnivelado de competencias y a las fronteras materiales, económicas y simbólicas, que separan distintos espacios. De hecho, insiste en la noción (ideal) de la vanguardia internacional cuando celebra, en Literaturas europeas de vanguardia, la publicación de Les cinq continents (1922) de Yvan Goll, una “antología pentacontinental” que le sirve para distinguir entre escritores “internacionales” de “cosmopolitas” y para defender una supuesta universalización neutral de la literatura moderna.Footnote6
Pero la propuesta internacionalista de Torre no se hizo de manera aislada; quizá pronosticando su posible fracaso, cuenta Ródenas de Moya que, ese mismo año, sugirió a Manuel Maples Arce una idea prácticamente igual: crear un comité directivo de propaganda insurreccional en cada una de las repúblicas Centro y Sudamericanas (2023: 63). Vemos aquí la primera tentativa frustrada de configurar un vértice intelectual hispanoamericano, algo que en Literaturas europeas de vanguardia no aparece como un programa explícito, pero sí se alude ya a una conexión entre Hispanoamérica y España muy significativa. En el capítulo “La modalidad creacionista”, de Torre retoma el debate acerca de la paternidad del movimiento entre Huidobro y Reverdy, pero lo relevante aquí no es, en modo alguno, que el español insista en desacreditar la originalidad del chileno, sino en considerar al uruguayo Herrera y Reissig como precursor del creacionismo:
He ahí pues el origen herreriano de todas las manipulaciones celestes y de toda la heráldica sideral que blasona los poemas de Huidobro y de tantos otros (…). He aquí pues el origen -uno de los orígenes- de las famosas imágenes creacionistas “creadas” por Huidobro cuya “exclusiva” y “primaria” originalidad ahora más que nunca queda irrefutablemente negada (2001: 148).
De Torre da un giro óptico al debate Huidobro/Reverdy al incluir el nombre de un poeta hispanoamericano, curiosamente en un libro sobre vanguardias europeas. Podría aventurarse que el español está ya, aunque de manera tácita aún, pergeñando su futura creación de ese vértice intelectual hispanoamericano. Por ello, incluso en 1968, al confesar su autoría de la nota anónima, también admite, con cierto pudor, la responsabilidad de haber provocado la polémica, pero a su vez, se jacta con orgullo de haber sido él quien abanderó el americanismo de la revista:
De los tres subtítulos que rezaban al pie de La Gaceta Literaria: Ibérica, americana, internacional. (…) respecto al de americana, en rigor he de asumir por entero la responsabilidad, no sólo por mis colaboraciones firmadas, dedicando desde los primeros números folletones críticos a la poesía argentina, chilena, uruguaya, mexicana, etc. Por cierto, aunque no me sea del todo grato recordaré, como prueba máxima de mi interés por lo americano, un editorial publicado en el número 8 (15 de abril 1927) titulado: “Madrid, meridiano intelectual de Hispanoamérica”, que levantó una polvareda polémica de equívocos (1968: 1).
El orgullo de desatar la polémica no es, ni mucho menos, por haber generado un conflicto sino que, para él, es la prueba evidente de su interés por lo americano y en ello insiste todavía cuarenta años después.
El vértice angular entre Madrid y Buenos Aires
En el texto anónimo de La Gaceta Literaria, la propuesta de desplazar la nomenclatura “América Latina” por “Hispanoamérica” para alcanzar una supuesta emancipación por parte de los países hispano-hablantes, de Francia e Italia, constituyó, como ya adelantamos, el intento de crear un falso mundo hispánico autónomo que, aparentemente, crearía sus propias leyes.Footnote7 Al sustituir París por Madrid, de Torre tiene en mente que, a finales del siglo XX, la capital francesa fue el primer espacio autónomo por haberse emancipado de los límites nacionales, imponiéndose así como espacio puramente literario, o sea universal (Casanova, 1999: 121). Al denominar “Madrid” como “meridiano”, La Gaceta Literaria cumple con la trampa de la autonomía del sistema literario.Footnote8 De Torre intuye dicho error retórico cuando, en el ya mencionado artículo, defiende el término “vértice” e insiste en que el propósito de la nota anónima era proporcionar una autonomía a los hispanoamericanos:
La Gaceta Literaria empleó aquel término casi al azar (…) sin ánimo de apadrinar imperialismos. (…) Latía allí implícitamente una fervorosa exhortación para que la América intelectual (…) se adentre valientemente en esa línea de autoctonía ya iniciada hasta crear una literatura oriunda y un pensamiento genuinos, de irrefragable singularidad. (…) ¿Por qué nuestros compañeros martinfierristas no han sabido verlo así? En ese término impropio de meridiano radica, a mi juicio, el origen del error (1927: 3).
Pero lo que de Torre no acierta a entender son los dos reclamos, por parte de los hispanoamericanos, ya apuntados por la crítica: la paternidad de la vanguardia americana (Alemany Bay) y la especificidad del idioma autóctono del espacio americano (García, 2023). A ello cabe añadir que lo que no se alcanza a comprender, ni de un lado ni del otro, es el ambiguo funcionamiento de la dominación literaria, que Casanova define como proceso de interdependencia, donde los escritores pueden ser dominados pero, a la vez y paradójicamente, también pueden hacer uso de tal dominación como estrategia de legitimación e independencia (1999: 158–159). En consecuencia, toda crítica a ciertas imposiciones se suele llevar a cabo con un discurso de autonomía que ignora o elude que toda la literatura, “como valor común a todo un espacio, es sin duda una imposición heredada de una dominación política” (1999: 159). La literatura, por cierto, con mayor ahínco que otras disciplinas culturales debido a que la lengua es su medio de expresión, lo cual tiene consecuencias evidentes que se deben subrayar: por ejemplo, si pensamos en la vanguardia, cualquier cuadro de Picasso es más universal que un poema escrito en francés -del propio Apollinaire- porque no requiere del filtro de la traducción. Ello explica la operación idiomática de Huidobro al “jugar” en dos subsistemas literarios a la vez, el francés y el español, posicionamiento que los pintores de vanguardia, en términos generales, no requerían.
En la polémica del meridiano, en suma, se observa cómo La Gaceta Literaria, y quienes reaccionan negativamente a su nota, caen en la misma trampa: la revista española critica una imposición (la francesa) pero a la vez, otorga al Nuevo Continente una autonomía ideal inexistente que, para más inri, impone desde la Madre Patria. Los hispanoamericanos, por su parte, critican la imposición española y reivindican su modalidad idiomática sin percatarse de los alcances políticos, en términos de centro/periferia, que la lengua produce en cada subsistema literario. Más aún cuando incluso llegan a proponer que el meridiano intelectual de América sea Buenos Aires (Pereda Valdés, 1927: 6), incurriendo así en el mismo error de hegemonía de La Gaceta Literaria, con respecto al resto del continente.
La polémica del meridiano es entonces la discusión de la dominación/dependencia desde una noción ideal de lo literario como concepto autónomo. No obstante, hay un aspecto en que los hispanoamericanos repararon con menor interés o menos importancia: la cuestión editorial con que la nota de La Gaceta Literaria justifica sus argumentos. Recordemos la protesta:
…nuestra exportación de libros y revistas a América es muy escasa, (…) si el libro español, en la mayor parte de Suramérica, no puede competir en precios con el libro francés e italiano; y si, por otra parte, la reciprocidad no existe. Esto es, sigue dándose el caso de no ser posible encontrar en las librerías españolas más que por azar, libros y revistas de América (Anónimo, 1927a: 1).
El reclamo de la hegemonía editorial francesa e italiana se complementa con una nota inmediatamente posterior –La Gaceta Literaria (I/17, 1927), también anónima, pero que probablemente redactara también de Torre- acerca del “auténtico y triste meridiano actual de Hispanoamérica”, esto es, “el servil de la traducción” (1927b: 1). En efecto, es Miguel de Unamuno quien se pronuncia en la prensa argentina para señalar que la confusión de la polémica no estaba en el término de “meridiano” sino en el vocablo “intelectual” y que debía ser reemplazado por “editorial”. Ello escribe a los poetas argentinos Juan Vignale y César Tiempo, en una carta abierta que se publica en Carátula (01/12/1927) y que Marín Fierro reproduce a su vez en su doble número 44–45. Pocos días después, esa misma carta se edita en Claridad (144, 1927), revista que, por su vinculación a Boedo, rivalizaba o parecía rivalizar con Martín Fierro (véase Rogers, 2013). A pesar de que la revista de Antonio Zamora no participa de la polémica del meridiano, probablemente por considerarla un problema superficial frente a otros temas sociales de mayor importancia, la carta de Unamuno se publica bajo el título “Algo sobre «El Meridiano»”. En realidad, su propósito era celebrar la reciente publicación de la Exposición de la actual poesía argentina (1922–1927) (1927), proyecto de Vignale y Tiempo. Unamuno alaba el “tonillo nuevo” del libro, carente del insustancial tono de los ismos vanguardistas “para pedir limosna” (1927: [s.p.]). Y, sin solución de continuidad, pasa al tema del meridiano con la siguiente cita -la misma que publican los martinfierristas en su revista-:
…el que estampó lo de Madrid “meridiano intelectual” quiso decir meridiano editorial y que no se trataba de nada de arte sino de economía. Los negocios son los negocios y la literatura es la literatura. Por mi parte, me he decidido que me editen dos libros ahí, en Buenos Aires, pero no por negocio, sino buscando libertadFootnote9 (1927: [s.p.]).
¿Acierta Unamuno en su hipótesis? ¿Era puro negocio el motor que movía la nota de La Gaceta Literaria y, en concreto, a de Torre? Si retrocedemos unos años, en 1923, Unamuno publicaba en España (368) “De pequeñeces literario-mercantiles”, artículo donde se burlaba de una discusión -trivial, según él- acerca de las relaciones literarias entre España e Hispanoamérica. En concreto, se debatía si en América, “la gente culta conocía las lenguas extranjeras mejor que en España” (1923: 1). Para Unamuno, el malentendido era el mismo que señala luego durante la polémica del meridiano: la confusión entre intereses comerciales y cuestiones de índole cultural, pues todo se reduce a una “escasez de capital” (1923: 2) que crea el abismo entre España y las naciones hispanoamericanas.
Unamuno insiste en un tema que ya había apuntado años antes porque, como estudió Alejandrina Falcón, los antecedentes de la polémica del meridiano se ubican precisamente en 1923, cuando aparece en Madrid un panfleto titulado “Relaciones literarias hispano-americanas”, con firma de “E.S. (periodista argentino)” [Eduardo Schiaffino]. Para el autor, existiría un importante contraste entre la ausencia de libros de autores hispanoamericanos en Madrid y Barcelona, frente a la circulación de obras españolas en el espacio editorial del otro lado del océano. Así se inicia el debate que pone en relación la lengua y el mercado (Falcón, 2010: 45) y que culmina en la polémica del meridiano, cuando se señala que no existen aún las condiciones materiales para una expansión masiva editorial (Id.: 51). Pero antes de 1927, ya Martín Fierro había traducido al castellano un artículo que el mismo autor, Eduardo Schiaffino, había publicado en francés, en la Revue de l’Amérique latine (1924), titulado “Les relations littéraires hispano-américaines”. Con la traducción de M.H., la revista de Evar Méndez lo rotula “Confraternidad intelectual hispano-americana. Casos concretos denunciados por un argentino” (Martín Fierro, 7, 1924). En efecto, Schiaffino redunda en el abismo editorial ya aludido y lo atribuye al nacionalismo español -citamos del original-:
Le nationalisme espagnol (…) sembles considérer que la vente d’un libre américain de langue espagnole empêcherait la vente d’un libre Espagnol, comme si le lecteur n’avait pas la liberté du choix et que, ne trouvant pas le libre américain qu’il cherche, il allait forcément prendre le premier livre qu’on lui présentera (1924: 193).
Teniendo en cuenta este trasfondo y los antecedentes de la polémica, adquiere sentido la intervención de Unamuno en 1927 pero su comentario no trasciende, quizá porque erró en su lugar de enunciación: no es en Argentina donde su mensaje iba a penetrar, pues ni los poetas vinculados a Claridad estaban interesados en ello, y a los martinfierristas, aunque les inquietaran las cuestiones editoriales (véase Bosoer, 2008), no eran los temas más dominantes en su revista, frente a la hegemonía idiomática, cultural y simbólica. Su preocupación más explícita, como ya señaló la crítica, es la lengua nacional como aspecto central de su emancipación respecto de España; de ahí el artículo “Meridiano encontrao en una fiambrera” (Martín Fierro, 42, 1927), firmado por Ortelli y Gasset -autoría que Javier de Navascués (2020) atribuye a Leopoldo Marechal-.
La intervención de Unamuno, en realidad, era un mensaje para los españoles y, aunque nadie lo replique directamente, de Torre sí dirige sus intentos de enmiendas de la polémica hacia cuestiones editoriales. En la primera, “Preliminares” (II, 39, 1928), afirma que todo el pleito fue más un “problema editorial y librero que una cuestión literaria” y que la decisión de ubicar el meridiano en Madrid no implicaba “sometimiento a hegemonía de ninguna clase” sino que se reducía “a una medida de interés cultural y de eficiencia económica” (1928a: 1). Su nueva arma argumentativa, ahora con rúbrica, es convencer a los hispanoamericanos de su dependencia económica respecto de Europa, dominación que España no quiere perpetuar, a su modo de ver, sino, de lo contrario, subsanar. Para él, el “conocimiento interamericano” es inexistente por el aislamiento entre las propias repúblicas hispanoamericanas -una situación que ciertamente continúa hoy-, y por ello vuelve a defender ese vértice intelectual como único modo de “trazar una red de la expansión librera hispano e interamericana” y teniendo a España como punto de partida (Ibid.). No obstante, su sugerencia se modera respecto a la nota de La Gaceta Literaria en cuanto que no alude a un hispanoamericanismo ideal que se enfrente a Francia sino que la solución de España como meridiano es, ahora, provisional y únicamente mientras los americanos decidan poner en marcha una “eficaz campaña difusora (…), formando un gran consorcio editorial argentino -y, a ser posible, sudamericano” (Ibid.).
Desde esta nueva perspectiva, de Torre inicia una nueva estrategia discursiva enfocada en el mundo editorial y decide entrevistar a editores afincados en Buenos Aires, con el fin de intentar otra manera de perfilarse como “intermediario trasnacional”. Como acertadamente ha propuesto Verónica Delgado, dichas entrevistas deben incluirse al “archivo” sobre la polémica del meridiano (2018: 214) debido a que ayudan a explicar el fenómeno en un sentido más amplio. Asimismo, son otra prueba evidente del protagonismo que el espacio argentino, en una suerte de metonimia de lo hispanoamericano, adquirió en la misma. Los entrevistados fueron Samuel GlusbergFootnote10; Manuel GleizerFootnote11; Pedro García; el sr. Bernabé, en representación de Juan Roldán y Cía.Footnote12; y Julián Urgoiti.Footnote13
En efecto, en las cinco entrevistas realizadas por de Torre se repiten dos interrogantes: “¿le interesa a Ud. el mercado español?” y, a continuación, se pregunta si resulta atractiva la idea de una gran editorial argentina asentada en Madrid -es decir, su noción de “vértice editorial”-. A la primera cuestión, Glusberg y Gleizer responden que el mercado español les interesa únicamente por razones culturales o “espirituales”, pero no comerciales, mientras que para Pedro García y Bernabé ocurre lo contrario: consideran que los editores y escritores argentinos serían mejor remunerados por parte del mercado español, aunque el segundo advierte que en Argentina aún falta crear más lectores/compradores. Pero, respecto al segundo interrogante, hallamos mayor diversidad de opiniones. A Glusberg el mercado español le interesa por una divulgación “espiritual”, esto es, difundir allí a escritores argentinos como Lugones o Quiroga, figuras de las cuales España carece, según él. Sin embargo, debido a que los libros de su editorial vendidos allí le producen pérdidas, recibe con entusiasmo el proyecto de Torre, porque estima que crear en Madrid un órgano similar al Maison du Livre de París resolvería dicha asimetría económica (Torre, 1928b: 1). Tal respuesta contrasta con una nota sin firma que la revista Babel publicaba un año antes (agosto, 1926), en la cual se celebraba el convenio que la editorial homónima había hecho con Espasa-Calpe para vender sus libros en Madrid, donde se vendían “centenares de libros”, “gracias a la intervención de Julián Urgoiti” (1926: [s.p.]). No es difícil aventurar que el contraste entre una noticia y la respuesta posterior de Glusberg se halla en la intención publicitaria de la revista, que lanzaba en 1926 un mensaje motivador hacia sus lectores argentinos, al poner de manifiesto una proyección editorial en Europa, con resultados supuestamente exitosos.
Mismo entusiasmo que Glusberg mostraba Pedro García, aunque él es más precavido al indicar que lo ve una quimera y no ve plausible alcanzar un “aglutinante capaz de aunarnos a los editores” (Torre, 1928d: 1). Frente a ellos, Gleizer es más tajante en su negativa, ya que cree más urgente “ayudar al editor argentino en la lucha por completo desamparada que tiene que sostener en su propio país” (Torre, 1928c: 1) para, posteriormente, abrir camino hacia proyectos trasnacionales. Asimismo, se podría aventurar que Gleizer desconfiaba de la difusión editorial española si tenemos en cuenta que, en el artículo de Schiaffino traducido y publicado en Martín Fierro, el autor se quejaba en 1924 de haber intentado, en vano, conseguir Tres relatos porteños de Cancela en cualquier librería de Madrid, obra publicada precisamente en Gleizer y publicitada en los periódicos españoles. Por último, y en consonancia con Gleizer, Bernabé lanza también su negativa a de Torre pero mirando hacia los problemas de España y señala:
…las editoriales españolas, salvo excepciones, tienen escaso éxito con las remesas de libros, pues (…) ahora se han reducido las librerías y se han disminuido los ejemplares, puesto que no se venden de algunos de los títulos ni siquiera dos ejemplares (Torre, 1929a: 6).
Con la respuesta de Bernabé se cierra así el efímero proyecto de Torre de entrevistar a editores afincados en Buenos Aires, probablemente porque sus respuestas no fueran útiles para apoyar su “vértice editorial” ideal, algo que se pone en evidencia en dichos reportajes, pues no generan debate, ni reacciones favorables o negativas.
Conclusiones
Nuestra revisión de la polémica del meridiano, tema abordado anteriormente por la crítica, tenía como objetivo profundizar en las estrategias empleadas por su figura protagonista, Guillermo de Torre, para perfilarse como “intermediario trasnacional” entre España e Hispanoamérica. Con este fin, hemos dividido el estudio en dos partes: en primer lugar, los antecedentes de la polémica, es decir, desde el frustrado “Congres international pour la determination des directives et la defense de l’Esprit Moderne” y la publicación de Literaturas europeas de vanguardia, acontecimientos que dan cuenta de las estrategias de Torre, durante 1922 y 1925, para convertirse en intermediario trasnacional. En dicha etapa, poseía aún una noción cosmopolita de la vanguardia que acataba la centralidad de París y del francés como un espacio y una lengua universales que, en apariencia, rompen las barreras nacionales. Su imposibilidad de crear ese Comité Mundial de la Juventud Vanguardista no impidió que, en su libro de 1925, proyectara esa visión internacionalista de la vanguardia e, incluso, llegara a incluir a un poeta uruguayo, Herrera Ressig a la par de otros vanguardistas europeos. Este gesto sirve, sobre todo, para continuar desmitificando la innovación de Huidobro, pero también es una suerte de preludio del mensaje que lanza en la nota anónima de La Gaceta Literaria: lo hispánico como subsistema autónomo basado en la lengua.
En la segunda parte de nuestro artículo, nos hemos centrado en las operaciones que de Torre lleva a cabo para defender la postura del (aún anónimo) autor de la nota de 1927. Con el fin de contextualizar sus nuevas armas defensivas, hemos intentado partir de la breve intervención de Unamuno en la polémica, con el fin de poner de manifiesto el telón de fondo editorial que sostiene el argumentario de Torre. De esta manera, al subrayar que el término “meridiano” ha de ser desplazado por “vértice”, y al entrevistar a una serie de editores del entorno porteño, de Torre intentaba (en vano) justificar la supuesta intención original de la nota -aún sin reconocer su autoría-, proponiendo implícitamente lo que aquí hemos denominado “el vértice editorial de Hispanoamérica”. No obstante, sus textos son una voz en el desierto porque, por un lado, no todos los editores apoyan su sugerencia y, por el otro, a los escritores que habían intervenido en la polémica no les interesa perpetuar el debate en relación con lo editorial. Además, consciente o inconscientemente, de Torre comete una nueva reducción pues, al volcarse únicamente en el espacio bonaerense, no soluciona la polémica ni propone un vértice que aúne todo el mundo hispánico, sino tan solo dos elementos: Madrid y Buenos Aires. De esta manera, mantiene una postura que soslaya las asimetrías del espacio hispanoamericano y que acata el centro (Buenos Aires) frente a las periferias (resto del continente), seguramente por dos razones: el indiscutible desarrollo editorial de la capital argentina y la íntima vinculación de Torre a este país, donde estaba a punto de emigrar para, según sus esperanzas, transformarse algún día en el intermedio trasnacional por antonomasia.
Notes
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Cabe indicar que nuestra hipótesis se sostiene a partir de las teorías sistémicas de Casanova, a diferencia del reciente libro de Martí Monterde, quien considera que la autora incurre en los mismos planteamientos que de Torre, tesis que no compartimos por lo que se verá a lo largo del estudio.
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Para más información sobre el tema, consultar los estudios de Rosa García Gutiérrez (1996 y 1998).
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Véase al respecto: |Costa y Admussen, 1975; Truel, 1978; Concha, 1980; Teitelboim, 1993; Goic, 2003; Rojas, 2019; Casado, 2005; Barón, 2007; García, 2018; Virtanen, 2019; y Morelli, 2023).
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En su Autobiografía (1970), Borges niega haber iniciado la escritura de Fervor de Buenos Aires (1923) antes de su llegada a la capital argentina, declaración que Carlos García desmiente, con varios ejemplos, en la edición prínceps del poemario (2023).
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El propio De Torre lo comenta en Literaturas europeas aunque omite su proyecto fallido de participar en él: “Este Congreso (…) no llegó malaventuradamente a efectuarse por un cisma surgido en el seno de la comisión directiva a causa de una excomunión improcedente lanzada sobre Tristan Tzara, con quien se solidarizaron un grupo de congresistas disidentes” (2001: 229–230).
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De Torre: “…por encima de los caracteres étnicos diferenciales, cada día más borrosos, un nuevo espíritu cosmopolita tiende a sustituir el ficticio universalismo y a imponerse triunfalmente, unificando las gestas literarias de distintas lenguas sobre el mismo plano internacional (…). Sería urgente deshacer esta confusión demasiado común, delimitando bien la diferencia entre escritores internacionales -o para la exportación industrial- y escritores cosmopolitas -o perseguidores, más puros, de un nuevo orden de relaciones sobre las fronteras-. (…) solo lo cosmopolita como tal (…) posee un valor innegable. (…) El cosmopolitismo en el arte (…) es algo consubstancial de las obras que condensan una pluralidad de panoramas. Nace de un sentimiento viajero, de una avidez nómada, de una aspiración ubicua vibrante, en el espíritu de ciertos poetas y novelistas” (2001: 409–411).
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Para más información sobre el intento de La Gaceta Literaria por perfilarse como una revista trasnacional, véase Mechthild (2014).
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Casanova: “De igual manera que la línea ficticia denominada también el ·meridiano de origen” (…) contribuye a organizar el mundo real y posibilita las medidas de las distancias y la evaluación de las posiciones en la superficie del globo, así también, lo que podríamos llamar el meridiano literario permite calcular la distancia hasta el centro de todos los que pertenecen al espacio literario” (1999: 123).
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Unamuno se refiere a Cómo se hace una novela (1927) y Romancero del destierro (1928), ambos publicados en la editorial porteña Alba.
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Glusberg fue uno de los fundadores de la revista que tuvo el papel más decididamente protagónico de la polémica, Martín Fierro, junto a Evar Méndez. No obstante, Glusberg no participa de manera activa en la misma, aunque unos años antes se pronuncia en una encuesta acerca de la existencia de una sensibilidad argentina (5–6, 1924). Nacido en Besarabia, pero afincado en Argentina, niega tal existencia y considera necesario hablar de una sensibilidad americana o criolla, americanismo que no termina de definir puesto que, aclara, los argentinos “somos más europeos” que los españoles (1924: 7). Su discurso, que oscila entre el nacionalismo y un americanismo un poco ambiguo, finaliza afirmando, en un tono patriótico evidente, que Rubén Darío “era un argentino de Nicaragua” (Ibid.). Meses después de la entrevista con de Torre, Glusberg formaría parte de la junta directica de la Primera Exposición Nacional del Libro en el teatro Cervantes de Buenos Aires, donde también asistiría Gleizer. La editorial de Glusberg llegó al centenar de títulos durante 1922 y 1934, y fue el órgano principal de difusión de escritores como Lugones o Quiroga, a quienes además unía una cercana amistad (Tarcus, 2009). A pesar de la importancia que el propio de Torre le otorga al elegirlo como su primer entrevistado, tan solo dos años después, su opinión hacia él deriva hacia un menosprecio explícito; ello se observa en la sugerencia que le lanza a Victoria Ocampo de no contar con Glusberg en su inminente proyecto de Sur (carta del 31/07/1930): “[Glusberg] literariamente no existe y editorialmente no ha dado tampoco muestra de una especial competencia” (apud. Ródenas de Moya, 2014: 34).
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Gleizer, el segundo entrevistado, era otro de los editores más importantes de Buenos Aires, también inmigrante pero de origen ruso. La editorial que lleva su nombre, fundada en 1924, publicó a figuras de gran relevancia como Fijman, Macedonio Fernández, Scalabrini Ortiz, Quiroga, Lugones, Borges, Carriego, Cancela, entre otros. Tanto Glusberg como Gleizer representaban, frente al resto de los entrevistados, la figura del editor de la década del veinte, preocupado por la doble vía editorial de libros populares y el mercado, pero que no desdeñaba la difusión de la alta cultura: “así, el mercado aparecerá como el espacio que organiza una nueva forma de interpelación a muchos recién llegados (…), dentro del cual los términos éxito y calidad no son excluyentes” (Delgado y Espósito, 2021: 111).
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Pedro García y Juan Roldán, inmigrantes españoles que inician su actividad editorial en la década anterior, se perfilan como librero-editores, en tanto ambos no se hacían cargo de los gastos de su publicación pues, en sus proyectos de fundar librerías o editoriales, anteponían el mercado a la difusión de buena literatura (Ibid.). Por su parte, Pedro García fundó la librería El Ateneo en 1913, aunque al principio no era exclusivamente literaria sino que se presentaba como “Científica y Literaria” y “Casa Editora” (Id.: 113).
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El último entrevistado, Julián Urgoiti, era probablemente la figura-puente más provechosa para la iniciativa trasatlántica de Torre, pues en ese entonces era delegado de Espasa-Calpe en Buenos Aires y su centralidad en el espacio editorial irá en ascenso ya que, como es sabido, será el primer asesor de Sudamericana a partir de 1939. Por ello, no extraña que, entre los entrevistados, fuera el más entusiasta con de Torre, a quien afirma que él ya había remitido algunas obras de la literatura contemporánea a España “…y los resultados, aunque muy desiguales, prueban que cabe interesar al lector peninsular, siempre y cuando se le documente previamente acerca del valor de los escritores americanos” (Torre, 1929b: 5). Por ello, concluye, para él sería honroso “servir de intermediario entre aquella entidad y los autores y editores argentinos para crear en dicho establecimiento una sección perfectamente montada” (Ibid.).
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Davis González, A. El vértice editorial de Hispanoamérica. Neophilologus 109, 197–212 (2025). https://doi.org/10.1007/s11061-025-09838-y
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Keywords
- Polémica del meridian
- Guillermo de Torre
- Latin American literature
- Transatlantic studies
Palabras clave
- polémica del meridiano
- Guillermo de Torre
- literatura hispanoamericana
- estudios trasatlánticos