El Nuevo Mundo (1701) (ENM) es un poema épico que narra la travesía y llegada de Cristóbal Colón a las Antillas por medio de episodios alegóricos de calado profético.Footnote1 Es obra de un poeta portugués –Francisco Botelho de Moraes e VasconcelosFootnote2 (Braganza, 1670-Salamanca, 1747)– que compuso su poesía épica en español.Footnote3 Estos dos aspectos –un poema épico dedicado a Colón y escrito en español por un poeta luso– invitan a relacionar esta obra tanto con la poesía épica neolatina e italiana dedicada a la figura del Genovés,Footnote4 como también con una cultura producida bajo el signo de un campo literario ibérico. La proximidad geográfica de España y Portugal fomentó una dualidad lusohispana (amén de en otros momentos la no menor influencia de otras lenguas como el catalán), que fue acentuada bajo dominio español con la União Ibérica (1580–1640) y posteriormente debilitada con la restauración de la dinastía de Bragança.Footnote5 A inicios del siglo XVIII, los sucesos vinculados a la Guerra de Sucesión (1701–1714) condicionaron la relación hispanoportuguesa. Esto no fue solo debido a la confusión causada por el sensible vaivén de preferencias austracistas y borbónicas de los miembros de la corte, sino también a las nuevas influencias –primero francesas, pero inmediatamente después italianas– de las familias aristocráticas instaladas en España con la venida de Felipe d’Anjou, nieto de Luis XIV, primer monarca de la dinastía Borbón en España. Es en este momento y lugar precisos –en que el rastro de la unidad ibérica se disgrega por la tendencia austracista de Portugal y Cataluña y se produce el consecuente rechazo del programa político de los Borbones– donde con mayor precisión se sitúa el poema ENM, publicado en la Barcelona de la segunda mitad de 1701.Footnote6

ENM es, con todo, una rara avis en el corpus y los estudios de poesía épica ibérica. Su singularidad consiste en que se trata del primer poema épico escrito en español dedicado a narrar el viaje del Genovés.Footnote7 Un mayor motivo para considerar su peculiaridad se encuentra en que apenas ha sido estudiado por los especialistas en poesía épica, siendo llamativa –y probablemente causa de esta desatención– su ausencia en el corpus de Pierce (1968). Se trata asimismo de un texto apenas mencionado por la crítica contemporánea especializada en Botelho de Moraes e Vasconcelos (solo Botelho de ahora en adelante).Footnote8 Los investigadores que han estudiado este poema sostienen que se trata de una obra que testimonia los preludios de la Ilustración. Por un lado, Hill ha interpretado fragmentos de ENM como muestras de la nueva filosofía y el pensamiento científico del periodo de entre siglos, demostrando la influencia de Bacon, Gassendi o Vico (2000: 203–207). Por otro, Silva Pereira ha ahondado en este sincretismo filosófico expuesto junto a la llegada de los europeos a América, interpretada como un fatum mesiánico-católico contra la idolatría de los pueblos nativos (2019: 55–80). Se trata de apenas dos trabajos que interpretan el poema en clave del saber científico y filosófico, pero que, sin embargo, no abordan su compleja trayectoria editorial.

Con este telón de fondo, doy en este artículo noticia del hallazgo del único manuscrito hasta el momento conocido de ENM. El manuscrito ha sido encontrado en la biblioteca de la Abadía de Montserrat, en la provincia de Barcelona. La referencia a este testimonio no se encuentra recogida en las obras de especialidad bibliográfica (Palau, 1923: 257; Simón Díaz, 1961: 638; Aguilar Piñal, 1981: 705–707), como tampoco en los estudios recientemente dedicados a la figura de este poeta y su obra.Footnote9 La relevancia de este hallazgo consiste en que se trata del único testimonio manuscrito por el momento encontrado que ofrece además contenido inédito tanto del proceso de composición del poema y su inestable trayectoria editorial como también, según defenderé, de la vida del poeta.

Esta irregularidad en su trayectoria editorial es ya una prueba fehaciente de que ENM estuvo estrechamente ligado a la coyuntura política del momento. Tal y como lo confirma el mismo Botelho en el prólogo a la edición de El Alphonso, sus dos poemas épicos fueron sometidos a refundiciones, traslados y alteraciones sobre las que no tuvo control ni concedió aprobación:

En Lisboa también ajusté mis dos poemas: el actual [El Alphonso] y el de El Nuevo Mundo. Estuvieron mezclados por algunos filólogos que en Cataluña agregaron a mi Nuevo Mundo gran parte de mi AlphonsoAsí le dieron a la prensa en Barcelona, corriendo el año de 1701. Aún yo incluí en luego aquel poema en este otro, por decirme los ministros portugueses en las cortes extranjeras que así lo había insinuado nuestro rey cuatro veces, en varias partes me estamparon esos borradores o ese mal unido caos poéticoadulterándole hasta en el lenguajeFingieron que yo hacía las impresiones y, con prosa y con versos míos, nacidos para otros objetos, han añadido imposturas e incongruencias que jamás me vinieron a la fantasía («Verdadero prólogo del poeta», 1731: sin numerar).Footnote10

El hallazgo de este manuscrito otorga de este modo una prueba material que acredita las palabras del poeta invitando así a someter a escrutinio las fases del proceso editorial de su poesía épica. Analizaré por ello el testimonio manuscrito y mencionaré tres elementos que apuntan a la idea de que la edición príncipe de ENM fue alterada según los intereses políticos y diplomáticos de personas cercanas al poeta y su dedicatario.

El Ms. 0648 (Biblioteca de Montserrat, Barcelona): ¿un caso de (auto)censura o de usurpación editorial?

Como se ha dicho más arriba, el manuscrito 0648 de la Abadía de Montserrat contiene material inédito del poema ENM que no fue publicado en la edición príncipe. Consta de 39 folios (310 × 210 mm) con 302 octavas correspondientes al libro VI (Fig. 1). El estado de conservación es bueno, con una letra legible que permite informar sobre algunas novedades. En primer lugar, destaca una breve nota donde se describe el contenido del libro y se justifica su estructura. En concreto, Botelho argumenta el motivo por el que sitúa en el libro VI la ascendencia genealógica de aquel a quien el poeta se refiere como «su E.a», dato que permite deducir que es una nota dirigida al hermano del duque de Alba, Manuel de Toledo, dedicatario original del poema como se aprecia en la portada (Fig. 5). Nótese que el poeta solicita la opinión y revisión de la persona que recibe el manuscrito:

Fig. 1
figure 1

«Este libro es episodio y conversación de dos soldados en la armada habiendo pasado ya las Islas Canarias. Está concluido, mas no limado, en cuya fe suplico al duque mi señor lo honre con hacer juicio de él para que ilustrado yo con el soberano dictamen de su excelencia pueda perfeccionarlo como es justo. Puse aquí los augustísimos progenitores y nombre de su excelencia por estar el nombre del Rey en el libro que se sigue a este y no me pareció [que] debía colocarse más lejos un príncipe y una ascendencia que la lealtad y la sangre acercan tanto a su majestad» (f. 1r)

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En segundo lugar, destaca la cabecera del inicio del libro, donde se puede leer el título que el poema tendría en origen (Fig. 2).

Fig. 2
figure 2

«El Mundo Nuevo. Poema Heroico, de D. fran.co Botello de Moraes y Vasconcelos» (f. 2r) (Nótese la cercanía con los títulos de épica colombina de Giorgini (1596) y Stigliani (1617), algo que no hace más que apremiar lo dicho en la nota 4.).

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En tercer lugar, he advertido que una parte del texto manuscrito difiere del impreso y que alrededor de 200 de esas octavas manuscritas son inéditas. Estas octavas se corresponden con los vacíos marcados en la princeps y su variante (1701a y 1701b) para indicar la ausencia de texto, y podrían apuntar a una supresión bajo posibles motivaciones censorias (Fig. 3 and 4).

Fig. 3
figure 3

(1701a: 258) Ejemplar R (8)-8-287 Biblioteca de Catalunya

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Fig. 4
figure 4

(1701b: 258) Ejemplar R/23220 Biblioteca Nacional de España

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En relación con la ausencia de estas octavas, no deja de resultar paradójico que, en el manuscrito, Botelho señala que el libro está completo––«Está concluido, mas no limado» (f. 1r) (acúdase al texto destacado de la fig. 1)–, pero en el impreso existen lugares donde se menciona que estas octavas todavía no han sido redactadas.Footnote11 Por ejemplo, la persona que realizó los comentarios interpretativos de las alegorías del poema, Pedro de Castro, precisamente en su interpretación del libro sexto, señala que el texto faltante será introducido una vez haya sido redactado por el poeta: «La alegoría de los sucesos de Carlos (que faltan hoy) saldrá y también más diligentes las de todo el poema, cuando las escriba el autor y haya concluido la obra» (1701a y 1701b: 228).

Constato ahora que esas octavas faltantes a las que hace referencia sí estaban redactadas y han sido halladas en el manuscrito de Montserrat. Se trata de un aspecto que invita a cuestionar el proceso editorial de ENM, en particular el papel de Pedro de Castro en su publicación a la luz de las quejas de Botelho con las que reconoció que sus poemas sufrieron todo tipo de alteraciones (vidsupra de la nota 11). Por este motivo, el hallazgo de este manuscrito completo del libro VI apremia considerar otros posibles escenarios en los que ciertas acciones subrepticias hubieran podido ejercer algún control sobre la publicación del poema e intervenir así en su discurso (Fig. 5). ¿Se trataría, entonces, de un caso de (auto)censura, de la obra de un disidente político, de poesía clientelar o, por el contrario, de un uso ilícito del poema, es decir, de una usurpación editorial?Footnote12 Sea como fuere, el escenario más plausible estará relacionado con el hecho de que las 200 octavas recientemente descubiertas constituyen un material sensible en el contexto de inicio de la Guerra de Sucesión, pues contienen sucesos ocurridos entre Portugal y España, además de un discurso favorable al dedicatario Manuel de Toledo, Felipe V y Luis XIV, detallando asimismo la ascendencia genealógica de la Casa de Alba, casa nobiliaria, recuérdese, del dedicatario que aparece en la que, sostengo,Footnote13 es la edición príncipe (1701a) y desaparece de su variante (1701b) (Fig. 6).

Fig. 5
figure 5

Portada del ejemplar R (8)-8-287, Biblioteca de Catalunya

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Fig. 6
figure 6

Portada del ejemplar R/23220, Biblioteca Nacional de España

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El material inédito del manuscrito

Los datos que arroja la historia editorial de este poema alterado dirigen nuestra atención a examinar la figura del dedicatario, Manuel de Toledo, que desaparece de la portada de la segunda edición (1701b) y, según demuestra el hallazgo de estas octavas inéditas, también del libro VI.

Los libros V–VII de ENM constituyen un núcleo donde se privilegia el discurso encomiástico de contenido genealógico e historiográfico, dirigido a ensalzar las figuras nobles a las que está dedicado. Según se lee en el manuscrito, el libro VI escenifica un diálogo entre dos personajes: Carlos y Camilo. Previamente se rememora la batalla de Guadalete y tras ella, la genealogía de los reyes de España enlazada con la de Felipe V (lib. V). Más adelante (lib. VII), se narra el encuentro de Colón con una ninfa que le expone cuestiones geográficas y filosóficas que favorecieron la llegada de los españoles al continente americano. La diosa acuática relata a su vez la ascendencia de la casa de Austria, así como la del monarca Luis XIV, echando mano de las tradicionales genealogías de los monarcas franceses como San Luis o Clodoveo. El contenido del libro VI mantiene, por ello, la lógica de la narración, tratando, entre guerras de religión y descripción de linajes, la vida de uno de los personajes (Carlos) y la ascendencia de Manuel de Toledo (Fig. 7). De hecho, es posible observar las correcciones del poeta –¿o quizás de otra persona?–, pues algunas octavas del manuscrito, que aparecen tachadas y por el momento permanecen ilegibles a simple vista, contienen información relacionada con Manuel de ToledoFootnote14:

Fig. 7
figure 7

«Del gran Toledo, siempre entre gloriosos|el más discreto, el grande, el siempre augusto;|al mejor pecho en él astros piadosos|el espíritu unieron más robusto|por premiarle mil [texto tachado] timbres portentosos, |desnudando [texto tachado] astros lo coron[texto tachado][¿an?] justo|[verso completo tachado]con diadema inmortal y laurel nuevos|cuajada en rama la deidad de Febo» (f. 17v)

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Sin embargo, estas octavas que a la vista de la información ofrecida refuerzan el propósito encomiástico del texto, no aparecen en el impreso de 1701. Los motivos de la ausencia de estas octavas (ora por censura, ora por decisión del poetaFootnote15) reclaman un análisis mucho más extenso del que se puede ofrecer en este momento, y por ello será abordado en la edición crítica de este manuscrito inédito. Dicho esto, las referencias a la genealogía de la casa nobiliaria son solo una parte de la información que estas octavas inéditas atesoran pues existe otra en la que dos de los personajes, Carlos y Camilo, mantienen una conversación sobre sus vidas durante la cual emergen referencias a personajes y escenarios contemporáneos de Botelho y Manuel de Toledo.

Figuración autorial en el personaje de Carlos

Se trata de una escena nocturna en mitad del mar. Habiendo partido de las Islas Canarias, Carlos y Camilo, miembros de la tripulación de Colón, comparten sus inquietudes por el viaje. Camilo, dolido por la desazón que le infunden el mar y la noche, lamenta no haberse podido despedir de su amada JacintaFootnote16; Carlos, por su parte, maldice también su suerte (1701a y 1701b: 229–240).Footnote17 Entre estas primeras octavas (1–34), el texto del manuscrito no se distingue de la edición de 1701, sin embargo, a partir de la octava número 35 (1701a y 1701b: 240) el texto impreso se distancia del manuscrito y las diferencias textuales aparecen:

Ms. 0648

35.

No impedirte pretendo, antes quisiera

saberla y lloraré tu amante historia.

No ignoro yo de amor la infausta hoguera,

yugo altivo es también de mi memoria».

Digo, y como de ardor en una esfera

siendo están al sentir los dos victoria,

corteses se saludan, se sentaron

y del Amor las ansias blasfemaron.

(f. 6r)

Princeps 1701a y 1701b

35.

No impedirte pretendo, antes quisiera

saberla y lloraré tu amante historia.

No ignoro yo de amor la infausta hoguera,

yugo altivo es también de mi memoria».

Dijo, y Camilo que en la misma esfera

lo ve de ardor: «Oirás –dice– victoria

tan cruel que aliviar podrá escuchada

al más quejoso de esa Furia alada.

(1701: 240)

La octava 36 del impreso da inicio al relato de Camilo, donde realiza una descripción de los territorios de Italia. A partir de este momento, las octavas del impreso ya no se corresponden en su totalidad con las del manuscrito. Pero es a partir de la octava 87, que anuncia el monólogo de Carlos, donde queda interrumpido el texto con una elipsis marcada con puntos suspensivos (vid. Figs. 3 y 4):

87.

Mas tú que del Amor también respiras

la infausta llama en ciega angustia, dime

por cuál objeto que te hirió suspiras,

si es que oyendo mi mal, aún tu ardor gime».

Dijo, y Carlos: «Mayores tristes iras

en mi congoja el ciego Dios imprime

Varios mis casos son, lástimas justas

prevén atento, pues de oírlas gustas»

(1701 a y 1701b: 258)

Se desconoce así la historia de Carlos si se consulta solo el impreso. Ahora bien, el manuscrito sí ofrece precisamente esta intervención completa que abarca de la octava 37 a la 228 (siguiendo la numeración del manuscrito) y que, además, aporta algunos datos que coinciden con la biografía del poeta.

Según las todavía pocas noticias conocidas de su vida anterior a 1700, tras pasar su infancia en Torre de Moncorvo (Tras-os-Montes e Alto Douro), Botelho fue a Madrid junto a su tío donde recibió una sólida educación humanista. Estudió en la Universidad de Coímbra entre 1685 y 1687, no demasiado lejos de su pueblo natal. Los datos hallados entre la década de los 90 y el inicio del nuevo siglo lo relacionan con Juan Tomás Enríquez de Cabrera, conde de Melgar, consejero real de Carlos II desde 1691 quien, fiel a la causa habsbúrgica, desatendió la llamada de Felipe V y se exilió a Portugal en 1702. Como ya se ha constatado, la dedicatoria de ENM (1701a), por otra parte, evidencia un vínculo con Manuel de Toledo (1641–1707), hermano del duque de Alba, relevante gentilhombre de la corte que, no obstante, tras un dilatado servicio al monarca Carlos II, se vio envuelto en maniobras palaciegas que debilitaron su influencia, lo que incitó que su inclinación política oscilara del apoyo austracista al borbónico en el contexto de una Barcelona con una parte de sus instituciones decantadas por el candidato Habsburgo (Hill, 2000: 192–193; Porcar, 2020: 31–32, 43–44). La historia editorial de ENM se sitúa por lo tanto en este complejo entramado de alianzas y cambios de bando producido en el año previo a la declaración de guerra de las potencias aliadas contra Luis XIV en mayo de 1702.

Como se ha avanzado, estas octavas –alrededor de 200– describen la vida del personaje de Carlos, pero esta supuesta narración autobiográfica del personaje se torna rápidamente en la descripción de sucesos ocurridos entre Coímbra, Madrid y Barcelona, una geografía que perfila sospechosamente la silueta biográfica del poeta. El material inédito hallado con este testimonio comienza con un soliloquio de Carlos que compara su fortuna con la del personaje de Ulises. La del Laertíada, a pesar de las desventuras, es más afectiva y alegre por haber gozado de la amistad; a aquel, por el contrario, no le fue propicia:

37.

Con Ulises podrás (discreto amante)

mis casos comparar varios y impíos

mas ¡ay! verás dolor más abundante

que en siglos suyos, en instantes míos.

Él de amigos escuadra halló constante;

yo, en todos vi el afecto ser desvíos,

y la fe que hasta entonces juzgué cierta

en tierra echaron por estar ya muerta.

(f. 6v)

Vemos que no solo le fue negada la amistad, sino que vivió en un ambiente de desconfianza, mencionando a continuación su destierro –«yo, de mi patria huyendo voy perdido/infeliz, desterrado y perseguido» (octava 38, f. 6v)– en una edad temprana:

39.

[…]

Yo blanda di mi edad (¡oh ingratos nombres!)

al tierno estudio del Amor y el plectro.

Entre dioses aquel y entre los hombres

que algunas dichas encontró penetro,

y en todas partes contra mí se auna

fiero el Amor, la Envidia y la Fortuna.

(f. 6v)

El personaje ofrece detalles sobre la vida de Ulises –«Él atroces halló con triste espanto/pueblos injustos y traición maligna» (octava 40, f. 7r)– frente a él que mira «atroz cuando sus glorias canto/la gran Nación que a todos es benigna» (ibid). Tras este discurso en clave de su conflicto, la octava 41 comienza con la mención lírica de dos poblaciones de Portugal –«Yacen en Lusitania dos pobladas/sierras de mirto y flor en vez de breñas […]» (octava 41, f.7r)– y prosigue:

42.

En una destas cumbres peregrinas

Coímbra está, y de Alcides blasón terso

torre que orbe de piedra en cinco esquinas

las zonas numeró del universo.

[…]

(ibid)

Poesía, Coímbra y unos estratégicos fonemas cuya repetición podría remitir a la tierra del poeta –en la aliteración de la r y del grupo silábico -rb- de «torre que orbe» resuena quizás Torre de Moncorvo–, invitan a deducir, junto al tono confesional de las primeras octavas, que estos versos inéditos atesoran menciones biográficas. El poeta evoca mitos e historias nacionales de Portugal, desde la Reina Santa Isabel (Isabel de Portugal o Isabel de Aragón) hasta la historia, también empleada en la poesía épica, de Inés de Castro y Pedro I (recuérdese el canto III de Os Lusiadas). Se trata de relatos que forman parte del imaginario medieval de Portugal y que, además, están estrechamente relacionados con la ciudad de Coímbra, donde estudió, recuérdese, el poeta. Carlos (o, más bien, el propio Botelho) detalla sus ocupaciones de juventud:

62.

Las Musas, los estudios, el reposo,

solo eran mis desvelos y el rebaño.

Fuentes, flores trataba y marzo hermoso

de aquella eterna juventud del año

envidiado en el valle por dichoso,

por discreto aplaudido sin engaño

viví feliz del todo y nunca triste,

cuando amor, inquietud de cuanto existe,

(f. 9v)

Como se ha mencionado, es posible que los personajes alegóricos del poema representen personas reales de la vida y del contexto del poeta (vid. nota 16). Pues, si la vida del personaje de Carlos se asemeja sospechosamente a la de Botelho; el personaje de Jacinta, que en las alegorías de la obra es interpretada como un personaje simbólico que representa la idea de España, puede, gracias al hallazgo de este testimonio manuscrito, cobrar más de un significado. Ello se deduce porque en la octava 65 aparece mencionado el nombre de Jacinta y, acto seguido, se narra la escena de dos enamorados junto al río Mondego, en la que se describen las cualidades de la dama y el ruego de Carlos (o Botelho) hasta que el deseo amoroso es correspondido:

70.

Cuánta ocasión nos daba la floresta

siempre de nuestra dicha edad fue poca,

canté su nombre y con la voz que presta

Eco mía mi Venus fue en la roca.

Mas siempre el procurar en valle o cuesta

lugar de gran retiro allí nos toca

desvelándonos siempre receloso

el padre y desdeñado el poderoso.

(f. 10v)

En las siguientes octavas el personaje no esclarece cuál fue el motivo del fin del amor; sí ofrece sin embargo algunos detalles. Es posible que en uno de sus encuentros –«Entre los muchos juegos pastoriles/donde ocultas aventuras explicamos» (octava 71, f. 10v)– se descubriera su unión no autorizada (probablemente por una autoridad regia o paterna) pues, como dice el poeta, sufrió trabas en su relación amorosa («Quien niega feudo a Amor, de todo es ruina […]», octava 75, f. 11r). La unión parece interrumpida («lloré, canté, y volviste ¡oh tú, piadosa/cantos mis lloros, homicida hermosa!» (octava 77, f. 11v), pero ahí no se acaban los problemas del personaje, pues, poco más adelante, en la octava 83, reconoce que «un falso amigo que este con el oro/corrompió, mis secretos todos supo» (f. 12r). La delación con la que se descubre finalmente la unión (octavas 84–85) provoca reacciones violentas entre los amantes quienes, evitando, impidiendo u oponiendo resistencia a la separación y reclusión impuestas, acaban por aceptar finalmente su destino (octavas 86–104). Confirma Carlos que se trata de un destierro, parece ser, ejercido desde un poder real –«con real ley que adquirió la atroz malicia/la misma Aurora a desterrarme fiero […]/ dejome de Castilla en lo primero» (octava 105, f.15r) y, entre las octavas 106–108 concluye el conflicto con su exilio:

Los hombres todos con injustos tratos

me fueron por el émulo enemigos,

y, ¡oh impiedades no vistas!, hallé ingratos

los parientes, traidores los amigos.

El rey dio a mi contrario oídos gratos

sin ver de mi inocencia los testigos

[…]

¡Oh, ingrata Patria! ¡Oh siempre de montañas

rígida población informe y triste!

¿Estos los triunfos son y hojas extrañas

que en supremos laureles me ofreciste?

¿Este el palio feliz con que acompañas

las doctas esperanzas que aplaudiste?

[…]

Sin patria, sin alivio y con mi fuego

al gemir apelé y al lloro amante,

y de Jacinta la ansia supe luego

con la alta fe que me juró constante

[…]

(ff. 15r-15v)

Si la mención de los territorios de Portugal y el texto confesional en que, además, se alude al acto de la escritura, pudieran resultar referencias no lo suficientemente convincentes, no es ya posible ignorar que, en efecto, se trata de contenido biográfico. La evocación de lugares y personas que estuvieron relacionados con Botelho no cesa en las octavas sucesivas y es en la número 110 donde anuncia su llegada a España:

Entré en Castilla, por triunfal, por justa

a corte de universo destinada,

alta Cibele[s] en héroes más robusta,

de imperios por almenas coronadas.

Con un león de su carro pompa augusta

tira el mundo que ha unido respetada,

y aún alma de orbes dos le da en alientos

por vitales espíritus portentos.

(f. 15v)

En la siguiente octava, menciona que «del honrado Aragón» la «segura amistad […] encontró la Musa mía» (ibid) y continúa, tras una referencia a los ríos Ebro y Tajo:

114.

Allá donde a Barcino origen debe

la ciudad que a Ataulfo causó ultraje,

y donde por gran seno flujo breve

tiende el mar que a la Italia hace pasaje,

del L[l]obregat la orilla envidia aleve

bárbara me ofreció por hospedaje,

uniéndose en su gente a ser sin norte

lóbrego el río y rústica la corte.

(f. 16r)

Tal y como ha confirmado la información documental hallada por la crítica, Botelho estuvo, efectivamente, con su tío en Madrid, regresó a Coímbra a estudiar –apenas dos años– y, parece ser, volvió a España. No conocemos el camino exacto de este regreso – acaso motivado por el destierro provocado por aquella trágica desunión amorosa del principio, si bien no se trate de una ficción– pero las octavas recientemente transcritas hacen referencia a los lugares –Madrid y Barcelona especialmente– donde se hallaron su protector, su mecenas, la academia de la que fue miembro –la Acadèmia dels Desconfiats (1700–1703), actual Reial Acadèmia de Bones Lletres–, los talleres de imprenta de donde salieron las dos ediciones de ENM y, por último, donde se encuentra la Biblioteca de la Abadía de Montserrat, que custodia el manuscrito objeto de este estudio.

A pesar de encontrarse en una corte extranjera, el poeta (es inevitable ya entender que se trata de Botelho y no de un mero personaje ficticio) no olvida su vocación literaria. Pero no aspira a dedicar sus esfuerzos a cualquier composición menor. Como todo creador que, en la agitada vida de la corte, desea demostrar sus talentos creativos, aspira a algo más. De ahí, coincide en denominar «barbarismos» a los rechazos de la «alta poesía», «mentecatos» a quienes con «el teatro» persiguen el «aplauso hueco», cuando, por el contrario, el reino conocido por sus hazañas «es de sus héroes permanente un eco» (octava 117, f.16v). Con esta idea llegó a la corte en Madrid, ciudad de «Musas, genios y noblezas» con el objetivo de «intentar en sus sagradas/protecciones real sombra a mis tristezas» (octava 119, ibid). No obstante, la vida y miseria de corte apenas albergan diferencia entre naciones, y volvió a advertir una «corte en necios odios la reserva» hasta el punto de contemplar el abandono de la poesía –«profesé no escribir, pues tanto aflige/la turba indocta» (octava 122, f.17r). Cercano a tomar la decisión, declara el poeta:

123.

No más (Febo), no más seguir tus plantas

perniciosa deidad a quien te admira.

Este premio hallan mis fatigas santas:

¿envidia, ingratitudes, ceños y ira?

Aquí las ropas dejo sacrosantas,

descíñome el laurel, rompo la lira,

ya desde hoy (como el vulgo) os diré solo:

«Pérfidas Musas y inhumano Apolo»

(f. 17r)

Mas, en este momento de renuncia de las Musas y del ingenio y oráculo de Apolo, las octavas cuentan que un sol anuncia al poeta, «ingrato Cisne», que sus fortunas se inclinarán «del gran Toledo la atención sagrada» (octava 124, f. 17v). Procede en el texto, pues, a elaborar una laudatio a la figura del que es, lo más seguro, el propio Manuel de Toledo –probable destinatario del manuscrito–. Quizás fuera algún miembro entre los Alba el principal promotor de esta épica en nombre del rey Felipe V; para el poeta esta era, sin embargo, una prueba definitiva para demostrar su talento en la corte, confiando pues en el prestigio que todavía confería la composición de un poema heroico. El contenido del manuscrito confirma, así, las palabras de Rodrigues-Moura: «Botelho de Moraes e Vasconcelos vivió entre el portugués y el castellano (y el latín), en constante viaje lingüístico y geográfico de ida y vuelta y en el marco de una políglota y policéntrica cultura ibérica que todavía tenía como referente una poética clasicista […]» (2020: 9), como a continuación se advierte:

126.

La voz que oyendo estás, la mayor Musa,

la Calíope soy tan celebrada,

y esta selva el Parnaso donde infusa

la luz del sol florece enmarañada.

Mas vaga su floresta de alas usa

para poder librarse acelerada

de la ansia con que enturbia su corriente

siempre la escuadra indocta y pestilente.

(f. 17v)

Es evidente que Botelho, mostrando así su sólida formación humanista, veía en los clásicos –un Virgilio lo más posible– el reflejo de lo que quería llegar a ser, procediendo así a granjearse una sólida reputación no solo de cortesano, sino de poeta heroico a la altura de los nombres más granados de la poesía: «Jardín de héroes, donde ínclito halló amparo/del Pindo el dulce Lope alto ornamento» (octava 128, f. 18r). Así comienza el poeta el inicio de un recurso prototípico del género épico como es la unión de la genealogía y el mito clásico para dotar al destinatario –la Casa de Alba en la figura de Manuel de Toledo– de una ascendencia que, rozando lo fabuloso, fuera digna de servir al nuevo monarca proveniente de una nueva dinastía: el linaje de Borbón. Entre las octavas 129 y 188 procede, pues, a una larga sucesión de menciones históricas y míticas sobre la formación de la Casa de Alba, que origina el poeta en la dinastía Paleólogo, donde no escasean los episodios de la reconquista (octava 137), el origen de la casa nobiliaria y sus relaciones con Portugal (139) y la mención de las hazañas más notables, aquellas de García de Toledo o de su hijo Fadrique. Al hacer mención de la época imperial, el poeta introduce elementos para hacer efectiva la translatio imperii de los Austrias a los Borbones, al mencionar a Carlos V y la España de Felipe II y de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque, activando así un mecanismo retórico que simula una continuidad entre la gran época de la Casa de Austria con las victorias ulteriores de los Borbones. En la octava 197, el poeta declama:

¿Qué admiras, Francia excelsa? No es acaso

tal pompa la alta estirpe a tanto día

de augustos Paleólogos con no escaso

rayo derivada es soberanía.

Toledo honrando Auroras dio el ocaso,

pues ¿cómo única ya no luciría

si del Sol desdeñando ejemplo ardiente

aún le fue Oriente sumo el Occidente?

(f. 26v)

Dirige una lisonja a la ascendencia del monarca Felipe V –«Nieto es el héroe que miráis del santo/Luis vuestro» (octava 198, ibid)– mencionando un rey que fue alabado por la trompa épica, como Enrique IV,Footnote18 hasta declarar: «sangre de Alba que hereden los Borbones:/ ¡oh, inmenso de Toledo honor! son llenas/ erario hoy suyo del gran Luis las venas» (octava 199, ibid).Footnote19

Concluyen las octavas finales en una nueva alabanza al monarca, con una combinación de figuras míticas y divinas acompañadas de referencias a la llegada de una nueva luz. No escatima el poeta en recordar que su patria «esperarse amante debe, […]/si en ella odios más broncos se eternizan/que las ásperas sierras que la erizan» (octava 218, f. 29). El recelo de Botelho con su patria viene acentuado por la acogida de su poema en la corte que, según el propio poeta:

222.

Mi poema admitió su luz benigna

y logrando a sus pies mi voz leerlo,

ya para honrarlo a su atención divina

le sobró inmenso impulso en atenderlo.

De Astro tanto a la sombra peregrina

viví hollando el Olvido sin temerlo.

Así soñaba en la mansión felice

que en Mantua augustos lauros me predice.

(f. 29v)

Estas octavas clausuran el material inédito que este manuscrito ofrece.Footnote20 En síntesis, Botelho introduce menciones autobiográficas en que reconoce su desencanto con la corte portuguesa y madrileña, y donde constata la protección y el patronazgo de Manuel de Toledo, a cuya casa nobiliaria el poeta asocia una filiación genética y política con Felipe V y Luis XIV. A estas octavas le sigue la intervención de Camilo donde describe un recorrido geográfico por Italia. Un análisis más detenido de este material indica que todavía quedan muchos aspectos por tratar, especialmente si no se limita su estudio al contenido de la intervención de Carlos, sino también al resto de referencias que refuerzan el tono confesional de este material hasta ahora desconocido. Con todo, el objetivo de este trabajo ha sido dar noticia del hallazgo de este manuscrito y exponer y evaluar su contenido inédito a la luz de la crítica especializada en este poeta lusohispano.

Primeras conclusiones

El único modo posible de acceder a la poesía épica temprana de Botelho había sido hasta ahora la lectura de los ejemplares incompletos de la edición príncipe de ENM. Gracias al hallazgo de este manuscrito del libro VI, es posible ofrecer al lector una versión más completa del poema. Esta noticia no solo permite reivindicar la figura de Botelho como un poeta de gran interés para los especialistas en poesía épica ibérica, sino también ofrecer una interesante obra literaria cuya materialidad fluctúa al ritmo de la enredada y convulsa vida diplomática de los años previos al gran cisma dinástico que inaugura el camino de la Modernidad en España.

El estudio de este manuscrito apremia plantear otras muchas cuestiones que serán resueltas en futuros trabajos, pero, desde este momento, la desconfianza se cierne sobre las ediciones barcelonesas, de cuya autenticidad autorial ahora se sospecha. Las quejas y lamentos del poeta en los prólogos de sus obras se revelan absolutamente justificados, y motivan por igual las inevitables cuestiones –y pertinentes indagaciones– sobre la autoría, estudio de variantes, intervención de impresores, libreros y demás agentes culturales, y, para finalizar, la posible intención (auto)censoria para con el material autobiográfico e historiográfico del manuscrito. Siendo consciente de que este trabajo ha despertado más preguntas que respuestas, me permito formular las más apremiantes para delimitar las direcciones del debate hacia la desdoblada lealtad de Manuel de Toledo (¿Felipe V o archiduque Carlos?) y del propio Botelho como cortesano (¿Casa de Alba o rey de Portugal?), de este modo: ¿qué personajes pudieron intervenir en la edición e impresión de ENM, cuáles de ellos pudieron tener alguna rivalidad o enemistad con Manuel de Toledo o Botelho? ¿Cuál fue el papel de Pedro de Castro en la publicación de ENM, por qué afirma en la alegoría del libro VI que estaba inacabado, habiendo un manuscrito que ahora demuestra lo contrario? A raíz de esto, ¿pudo ser el poema sometido a los intereses del clima político, usurpado de las manos del poeta y convertido en un arma de propaganda al servicio del interés de unos, en lugar de respetar el legítimo deseo (o encargo) del autor y servir a la filiación política de la Casa de Alba con la de Borbón? ¿Qué grado de originalidad presentan los paratextos, donde, recordemos, se afirma que el poema no está ni concluido ni limado, exactamente la fórmula opuesta a la hallada en el manuscrito (está concluido, mas no limado)? Y, más allá, ¿acaso esta alteración pudo deberse al propio poeta quien, ante las tensiones y presiones por la adopción de un bando –bien borbónico, bien austracista– decidiera no incorporar finalmente estas octavas? O, ¿se trata, sin embargo, de un conflicto entre individuos, vinculado a sus historias privadas, excluidos para evitar comprometer a sus titulares, Botelho o Manuel de Toledo? Será una edición crítica ahora en preparación la que, acompañada del estudio del contexto histórico-político, cultural y editorial, esclarezca estas incógnitas.